El Bautizo

Hola damas y caballeros,

Mi nombre es Sebastián González y aquí va mi primer intento. Soy un niño – si, niño – de 25 años que ha vivido toda su vida sin encontrar su lugar. He tratado de cumplir sueños que al final no resultaron ser míos. Toda mi vida, desde muy pequeño, he tenido un solo sueño y nunca lo cumplí; mi sueño era ser futbolista. Lamentablemente mi falta de determinación y disciplina hicieron imposible este sueño y ya es “algo” tarde. A menos que uno de ustedes me preste un DeLorean, creo que tengo que dejar ir ese sueño. Sin embargo, de este sueño fallido ha aparecido uno nuevo que me ha pegado más duro que la cabeza de Materazzi. ¡Quiero hablar de fútbol! ¡Quiero hablar de deportes y ganarme la vida de eso! Hablar de más y con la venda puesta ha sido mi pasión desde que conocí el deporte.

img-20160929-wa0019Desde que me senté a ver los partidos del mundial 98, lo único que me ha pasado por la cabeza es el fútbol. Al ver a ese Romario y Zidane jugar al fútbol, uno se inspira. Ahí es cuando agarre la pelota y le daba diariamente en el jardín de mi casa. Pobre mi abuela que tuvo que aguantar los desastres que le hacía a sus plantas y flores. En las mañanas cuando llegaba a la escuela lo único que quería hacer era salir al recreo y jugar. Se terminaban las clases y no quería irme a la casa por estar jugando. Desde pequeño he sido, para ponerlo dulcemente, algo pesadito pero eso nunca me impidió patear el balón. Todos sabemos que hay gorditos que tienen magia en los pies, ¿si o qué, Ronaldo? Los años siguieron y el amor crecía. Esos recuerdos de madrugar un sábado para ver el primer partido de la Premier League. Ver ese golazo de Giggsy en la semifinal de la FA Cup contra el Arsenal. Apoyar al Valencia de Cúper y resentir al Madrid por destruir el sueño en el 2000. Amar al Manchester United y, por lo tanto, detestar al Arsenal y Chelsea (el Liverpool y Man City hasta ahora son relevantes). Todos estos y más me enamoraban del deporte. Todo iba bien hasta que llegaron los años del descontrol. Ahí es cuando empecé a perseguir más las fiestas (y faldas) que la pelota. Me descuide y simplemente el sueño original quedó olvidado. Siguiendo los pasos de otro futbolista salvadoreño llamado Gonzalez. El fútbol entonces pasó a ser un pasatiempo, un ejercicio para no pasarme demasiado de libras. Hasta ahora sigue siendo este el caso y ya lo acepte… No voy a ser futbolista.

Sin embargo, haciendo reflexión hace pocos días me di cuenta que ser futbolista no es solo jugar y sudar la camiseta. El fútbol va más allá. Podes romperla como futbolista también afuera de la cancha, enfrente de una pantalla y escribiendo de cuánto amas el deporte. No sudas la camiseta pero si lo sudas. No corres detrás de una pelota pero si corres detrás de la verdad. No le gritas al árbitro por una mala decisión pero si le gritas al que está haciendo una injusticia. El fútbol es un arte que vale la pena ser apreciado. Me corrijo, TIENE que ser apreciado. Al fútbol le debemos tanto que menospreciarlo debería ser el octavo pecado capital. En El Salvador estamos teniendo este problema. Le hemos perdido el respeto al arte, al deporte. Con este blog por lo tanto no planeo hacerte fan, no planeo hacerte cambiar de opinión, no planeo hacerte ver que el Manchester United es el club más hermoso del mundo, simplemente quiero que me ayudes a crecer. Este es mi primer paso.Quiero tener el privilegio de crecer contigo y eventualmente hacer una diferencia. Todos sabemos que necesitamos algo diferente. Pensándolo bien, decir solamente El Salvador es pensar muy pequeño, ya que todo el mundo ha perdido el amor por el fútbol. Hagamos algo al respecto. Permitíme entonces ponerme MI uniforme de futbolista, pasemosla bien y juguemos un poco al fútbol.

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